TIERRA DE OLVIDO

PRONTO SERAN RECUERDO

Emiliano Perez Cruz

Estas fotos trasmiten el alma de quien las capto. Gonzalo Pérez, tlaxcalteca nacido en 1966, caminante que transita por senderos que las finiseculares tribus nomadas trazan una y otra vez  en busca de señales, de algun signo que oriente la existencia, de las huellas de alguna energia cuya grandeza imanto lo que el ojo devela en la grandeza de su decrepitud arraigada en el paisaje.

Cuando el tren comienza a moverse, la aventura apenas inicia. El viajero se arrellana en su butaca, de la clase que sea, para ver el espectaculo del mundo que ante el sucedera. Ahora, la especie mexicana Ferronales esta en vias de extincion, la devora el imperio, la inepcia… Y sin embargo, se mueve: sale de la estacion y sus convoyes enfilan hacia destinos diversos.

En ocaciones, los convoyes no arriban y la congoja, el dolor, el luto, se apersonan en los hogares. Pero cuando los trenes cruzan las monstruopolis mexicanas, sus ciudades de mediana estatura, poblados, rancherias aledañas a las vias de bellos durmientes, sabemos que en su itinerario la costa esta incluida, lo mismo que el desierto y la selva, el llano y la montaña, todos los paisajes, tuneles y puentes incluso, y tambien la diversidad de mexicanos que a lo largo del trayecto dan vida al animal: aparece y recorre sus pasillos cual corte de los milagros que oferta sus mercancias; son los pasajeros su complemento en la vida. Comida, aves de corral vivas, mascotas prohibidas, bebidas, golosinas de variadas formas y colores, frutas cuya
decoracion hace agua la boca, tientan a quien quiera darse el atracon de su vida con funcion como de cine gratis.

En ocaciones el ferrocarril nos deja a la orilla del camino, o en una estacion desertica, cercana al pueblo fantasma que antes fue Eldorado y ahora no le queda ni un chisguete. Y nos perdemos en sus calles, platicamos con fantasmas, sombras, nada, o con nosotros, y quiere el alma que el ojo capture esas imagenes, aquellas ruinas, las cactaceas, las piedras que se arraciman, aquella sequedad, el intenso calor, los horizontes que reverberan, las sombras que ya se quisireran para un domingo.

Algunos rostros asoman por las ventanillas y se van con la mirada que se esparce en la lejania. La vista se posa en la monumental yuca prendida a la roca. En esas ruinas de vagones esta anidado el tiempo. Y en el patio de maniobras que sobrevive en algun lugar de nuestro Mexico saqueado, algo nos sobrecoge: el presentimiento de algo fatal, de que el privilegiado lente del fotografo permitira ofrecer, a las generaciones futuras, aquellas imagenes que pronto seran recuerdo.

TIERRA DE OLVIDO, libro publicado por Gonzalo Pérez, 1998.

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3 comentarios to “TIERRA DE OLVIDO”

  1. Es una maravilla ver aqui las fotos de tu libro, y de repente me doy cuenta que ya pasaron 10 años desde que lo publicaste, te felicito por que en estos años has permanecido haciendo fotos, sin duda es tu mayor pasion.

  2. todo el contenido de fotos es excelente y felicidades por el sitio y el contenido

  3. Saludos, querido Gonzalo

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